El profesor como “traductor” cualificado
Miércoles, 13 Agosto 
Si consideramos que la enseñanza de la filosofía puede identificarse como un conjunto de sucesivas traducciones de problemas, métodos y medios de expresión para elaborar un adecuado discurso crítico, parece evidente que es posible considerar al profesor como si de un cualificado “traductor” se tratara. Ello supone una perspectiva compleja sobre la función de un profesor y encuentra una aplicación en todo proceso educativo que suponga enseñar algo al mismo tiempo que se “construye” una forma de conocimiento con los alumnos de forma rigurosa y contrastada. Al traducir, el profesor se convierte en un intérprete, en un “hermeneuta”. Con ello, muchos de los elementos de la hermenéutica clásica encuentran aplicación aquí.
Desde este punto de vista, el profesor no se limitará nunca en su trabajo a una mecánica repetición de contenidos educativos, sino que deberá desarrollar un proceso que desemboque en una apropiación que el alumno haga por sí mismo de lo que anteriormente le resultaba ajeno. La gran amplitud de posibilidades que se abre en una teoría de la traducción se integrará al trabajo del profesor de filosofía.
